Recursividad

 

de Kraxberger, Jonatan.

Cuento ganador del
III Concurso de Relato Breve Osvaldo Soriano.

Osvaldo había sido testigo directo de la revolución del 55, yo lo conocí cuando vivía en Olivos, estaba ya retirado de la militancia, tenía un auto arcaico y una jubilación casi tan miserable como su vieja y mohosa casa; sin embargo en sus ratos libres (que eran muchos) escribía y muy bien; en cierta ocasión me dejó leer uno de sus cuentos sobre un soldado de la gran guerra, un tipo llamado Hans que pasaba sus días en trincheras húmedas y malolientes comiendo ratas y luchando contra las epidemias, tenía miedo de las esporádicas descargas de artillería que les lanzaban los franceses, en cierta ocasión sus dos mejores amigos estallaron delante suyo en uno de estos ataques, lo cual le trajo pesadillas hasta el último día de su vida pero no obstante sobrevivió la guerra, se casó con una chica llamada Greta y fue a España, a una casa tranquila en la playa donde vivió los turbulentos tiempos de la guerra civil; sus últimos años fueron apacibles y cómodos y escribió un libro sobre una princesa que vivía en la época de los zares, se llamaba Iryna y era parte de la corte de Nicolás I, quien venía victorioso tras vencer las huestes napoleónicas; Iryna era increíblemente bella pero también muy ambiciosa, y todas sus intrigas palaciegas se vinieron abajo cuando asumió el Zar Alejandro II; entonces tuvo que huir penosamente hacia Irlanda; en el camino estuvo muchas veces en peligro porque los espías del zar le seguían la pista y tuvo que usar todas sus armas de mujer para sobrevivir; finalmente se estableció en Portugal, donde se casó y tuvo cuatro descendientes; cuando sus cabellos estuvieron del mismo color que la nieve escribió sus turbulentas memorias, que fueron publicadas en Suiza y tuvieron un éxito inmediato; el reciente gusto por la escritura la llevó entonces a hacer un segundo libro donde narraba la vida de un particular inglés apellidado Eastman, quien abandonó la seguridad de su Inglaterra natal (donde por cierto, no tenía nada que perder), y se embarcó en el Godspeed; tras un viaje incierto y no carente de peligros llegaron al nuevo mundo y fundaron Jamestown, que fue el primer asentamiento, los años iniciales fueron difíciles para todos, hubo un ataque de los indígenas locales y luego un incendio y posteriormente una hambruna general; Eastman padeció todo eso y se volvió flaco y descreído, pero luego las cosas mejoraron y cuando el fortín fue movido y transformado en ciudad a él le tocó una parcela de tierra grande y espaciosa donde construyó una gran cabaña con la ayuda de sus hijos mayores; en las noches Eastman les contaba sobre esos primeros y duros años; al morir, éste les legó la cabaña y todas sus pertenencias, entre ellas su diario personal donde narraba esas desventuras y también incluía un curioso cuento sobre un monje indio que iba en peregrinación junto a su grupo; ellos no entendían el mundo pero comprendían que quizás una realidad mayor los englobaba a todos, aquella noche pararon en Bodhgaya y uno de sus compañeros comió frugalmente y se sentó bajo una higuera; pasó allí por cuatro etapas en una noche: primero alcanzó el conocimiento de sus existencias anteriores, luego tuvo la certeza de ver seres morir y revivir, posteriormente purificó su mente y justo antes del alba tuvo una profunda comprensión de las Cuatro Verdades; todo eso lo vio y lo escribió el joven monje indio cuyo nombre no ha trascendido pero sí la parte de su obra en donde cuenta toda esa maravilla y también relata historias diversas, siendo la más llamativa la de una griega llamada Acacia, que era amiga y ocasional amante de Hypatia; en noches de vino y fiestas en la ciudad de Alejandría, cuando el cambio del mundo podía presentirse en el ambiente; Acacia amaba leer y los baños con pétalos de rosas casi tanto como la literatura, a menudo acudía a la biblioteca y leía y releía los sabios del pasado; mientras su amiga Hypatia sospechaba que algo no cerraba entre el movimiento del sol y el de la tierra, ella en cambio se sentía trascender al leer una obra en particular, ésta trataba sobre Mesipo, un héroe que llegaba a la Luna con una ala de buitre y otra de águila; tal ingenio excitaba la mente de Acacia y en uno de sus cuentos, que a posteriori fue quemado junto a la biblioteca por los primeros cristianos, ella narraba una civilización futura donde un joven con aspiraciones a escritor visitaba a un viejo del cual se hacía amigo; la época descripta era vertiginosa, extraña e irreal y comenzaba narrando la revolución del 55.

Remolinos

de Doyle, Liliana S.

Poema galardonado en el Primer Certamen
de Poesía y Narrativa “San Fernando se escribe 2014”.

 

Remolinos de río. Remolinos de vida.
Remolinos de tiempo que se escurre en las manos.
Es la vida tan corta. Es tan corta la vida
y el tiempo se desliza como agua entre las manos.

Camalotes azules que van a la deriva
entre el agua leonina y los peces gitanos.
Mi barca se estremece y tiembla, consumida
por el viento incesante que agita a los humanos.

El río nos invita a la pausa y la calma.
Nos envuelve en su seno y nos lleva al ocaso.
Su sutil melodía que se escucha en el alma
deja un sabor tan áspero y gris como el fracaso.

La esperanza de ser y el dolor de haber sido.
La nostalgia se enreda aferrada a sus lazos.
Su canto de sirena nos invita al olvido
y a deshacer el tiempo en remotos retazos.

Seguir el remolino es abrirse a la vida
que gira, gira y gira, victoriosa y vencida.

Zamba de la Cruz del Sur

de Urquía, Carlos E.

En un eje de acecho y picardía
se teje la nostalgia
Artística la música, aritmética
de espuelas y de faldas.

Navega la canoa con el baile
suavidad y elegancias
cierra el grillo su vidrio acupuntura
y enriquece la escama.

Los ojos azulados de la noche
las dos llaves cruzadas
correaje y cometa suspendido
Cruz del Sur de la zamba.

Las casas intervienen con pañuelos
el hombre y la muchacha
un rocío peinado de serenos
se aquieta y se emborracha.

La Cruz del Sur inclina los silbidos
y enciende cuatro tachas.
Por fin la zamba es bruja por la noche
y apaga la guitarra.